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Este es mi Real Betis Balompié. Lo digo para aquellos que no me conocen ni a mí, Sevilla, ni a mi Betis. Pero también puede servir para aquellos que, conociéndonos, tal vez tienen una idea equivocada acerca de nosotros. Cuando digo nosotros, me refiero a la ciudad y a sus ciudadanos, al club y a sus aficionados. Intenten no pensar durante la lectura de estas líneas en otras instancias de la ciudad o del club que no sean, fundamentalmente, los sevillanos y los béticos. Porque esos son mi esencia, nuestra esencia.

Somos Sevilla y este es nuestro Betis.

Este es nuestro Real Betis Balompié, que nació con el nombre de Sevilla Balompié, Sevilla en nuestro honor, Balompié en honor a nuestro idioma. Un Balompié que adoptaría más tarde la palabra Betis del club al que absorbió, el Betis Football Club, tomando así el nombre milenario de nuestro río, nombre que nos identifica y que identifica a nuestra tierra, la “baetica” Andalucía.

Este es mi Real Betis Balompié. Balompié de nacimiento, Betis de adopción y Real de título honorífico. Tres palabras que en sí mismas reunen, sin contradicción alguna, sevillanismo y universalidad, carácter popular y distinción.

Este es mi Betis, que haciendo honor a sus colores verdiblancos fue el primer equipo andaluz en jugar en Primera División, el primero en jugar una Final de Copa y el primero en traerme el preciado Trofeo de Liga en 1935.

Este es mi Betis, el mismo al que ví en 1936 con su sede social destruida por una bomba y su estadio lleno de tanques. El mismo que no levantó cabeza tras la guerra y se despidió de la Primera División en 1943, para no volver a verla hasta 1958. El mismo que estuvo 7 años en el pozo de Tercera División, que sobrevivió haciendo rifas para sufragar los viajes del equipo, que tuvo que tirar con bocadillos de tortilla para los viajes, que sufrió una permanente penuria económica y deportiva que en lugar de llevarle a la desaparición le llevó a acuñar el "Viva er Beti manque pierda”, expresión sublime del amor incondicional a unos colores. Un Manquepierda que a mí, a Sevilla, me llena de orgullo.

Este es mi Betis, el mismo al que ví ganar en 1977 la primera Copa del Rey de la historia. El mismo que quedó tercero en 1995 y cuarto en 1997. El mismo que fue subcampeón de Copa en un gran Final ante el Barcelona. El mismo que, hace solo dos años, ganó de nuevo la Copa del Rey y se clasificó para jugar la Liga de Campeones.


Soy Sevilla y este es mi Betis.


Este es mi Betis, que me lleva en su corazón, en sus raíces, en su nacimiento como Sevilla Balompié, en su nombre milenario. Y que, además de llevarme con él a todas partes, me ha traido dos Copas del Rey, un Campeonato de Liga, el himno de la Champions y una esperanza contagiosa. Este es mi Betis: el de quienes llevan grabados en sus almas su tierra y su señorío, el manquepierda y los colores de Andalucía.

Este es mi Real Betis Balompié. Un sentimiento que es Sevilla y Betis, ciudad y río, historia y presente, Híspalis y Bética, verde y blanca. Un sentimiento que es football y balompié, del pueblo y de la realeza, de los sevillanos aquí nacidos y de los de adopción. Es el de Primera, Segunda y Tercera División. Es el de la Champions y el de los bocatas de tortilla. Es el de la Copa y el de las rifas. Mi Betis es mestizo, como mestiza de culturas es mi tierra. Y a mucha honra, porque en ese mestizaje está gran parte de nuestra riqueza.

Y somos Sevilla. Somos una ciudad dual, tal vez porque el propio río Betis ya nos hizo así. Que nadie se extrañe si, desde hace 100 años, repartimos nuestras querencias entre el Football y el Balompié, entre el Sevilla Fútbol Club y el Real Betis Balompié.

Somos Sevilla. Una ciudad de arte y alegría, que no de charanga y pandereta. Una ciudad hermosa para vivir, no solo para visitarla. Una ciudad cuya riqueza está en cada uno de sus rincones, no solo en las casetas de Feria. Una ciudad que sabe ser orgullosa desde la sencillez y humilde en su grandeza. Grandeza que no se sustenta solo en su datos económicos o demográficos, sino en el tamaño de los corazones de sus gentes. Grandeza que se hace más grande al sumarle toda la provincia, rica en variedad, rica en sentimiento. Somos la Sevilla tartésica, la Híspalis romana, la Isbilya árabe… somos una Sevilla mestiza como nuestro Betis, un Betis mestizo como su Sevilla.

Somos Sevilla y este es nuestro Betis. No somos una muleta ni una bengala. No somos un busto ni una botella. Somos pasión pero nunca violencia. Somos, para quien quiera verlo, un ejemplo de coexistencia en una misma ciudad de dos sentimientos enormes y entusiastas, solo empañados por una minoría que no nos representa. Convivimos sabiendo llevar una rivalidad deportiva llenando las tertulias de guasa y los balcones de rojo y verde.

Soy Sevilla y este es mi Betis. El Betis que ha llevado Sevilla y Andalucía por toda España y más allá de las fronteras, el Betis del “manquepierda” y del “musho Betis”, el Betis que ha servido para unir a emigrantes, para recordar una tierra, para hacer su tierra más universal y a España más de su tierra. El Betis que en los años cincuenta trascendió el fútbol para convertirse en una filosofía de vida. El Betis que han querido toreros, artistas, escritores, obreros, familia real y hasta gente que no le gusta el fútbol.

Soy Sevilla y este es mi Betis. Es el Betis de la esperanza, de la verde esperanza que acompaña a las cuarenta mil personas que cada Domingo van a cantarle que “aunque el último estuviera siempre le ven Campeón”. Este es mi Betis. De ahí la tristeza que sintieron la inmensa mayoría de esos miles cuando fueron alcanzados por una botella. Porque esa botella hizo un daño terrible al Betis y a los béticos. Ese es mi Betis: el Betis que está en el corazón de todos los que empezaron a marcharse aquel día, de forma automática, con sus ojos tristes y cabizbajos. Esos que recordaban un busto y una botella, mientras movían la cabeza diciendo para sí: “Este no es mi Betis, esto no es Sevilla, este no es mi Betis…”.

Soy Sevilla y este es mi Betis: mucho más que un sentimiento, que un escudo o una bandera, mucho más que todo eso… más allá de las fronteras, siempre habrá alguien que diga “Viva el Betis Manque Pierda”… y así sonarán los “oles” al Final de La Palmera…

 
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